720 horas

30 días habían pasado, 720 horas repletas de sufrimiento, una travesía en el desierto de la incertidumbre, de las dudas. Sus palabras habían sonado como una losa pesada contra el suelo «Necesito tiempo, estoy algo agobiada».

La amaba profundamente, y a pesar de los habituales conflictos, de los reproches constantes, nunca dejó de querer todo con ella. Pero sus palabras aquel día, le obligaron a cambiar el guión de su historia de amor y sufrir en silencio la pena de no estar a su lado, de esa espera que te desgarra por dentro, de tener que tragar el amargo orgullo y pulsar el botón del freno cada vez que necesitaba evitar esa llamada o ese mensaje que tanto deseaba hacer.

Esa misma llamada o mensaje que esperaba recibir ansioso cada noche, en la soledad de su dormitorio, en la frialdad de sus sábanas, en la tristeza de la melancolía, pero que no llegaba, mientras las horas seguían provocando heridas en su alma.

Apenas había dado unos pasos dentro del restaurante, y en un instante, en un suspiro, todo cambió.

Sus miedos, sus temores más profundos se fusionaron con la realidad, y con ella afloró el dolor más desgarrador que había sentido jamás.

Y mientras yacía sobre la cama con sus ojos empapados en amargas lágrimas, las llamadas y los mensajes que llevaba 720 horas esperando, comenzaron a llegar, demasiado tarde para curar lo que ya estaba muerto.

Óscar Cebollero

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