El reflejo en el cristal

Mientras tomaba aquel café, una tarde de Agosto, mirando como las gotas de lluvia caían sobre el cristal de la cafetería, pudo ver su rostro reflejandose a modo de espejo, y en ese instante, comenzó a observarse a sí misma como si fuese alguien que estaba al otro lado del cristal, en la calle, junto a la lluvia.

A los ojos de los demás, del observador, era una mujer muy atractiva, con estilo, con clase, y por su forma de vestir en ese momento, cualquiera pensaría que tenía un buen trabajo, un buen salario, una vida llena de felicidad y de momentos bonitos y parte de eso era cierto, sin embargo, todo era un engaño, era ella quién se observaba y ese era el problema, a sus ojos no podía ocultar que enfrente de ella había una mujer que pasaba demasiado tiempo proyectando a los demás una imagen de fortaleza y de felicidad que no era real.

Su vida llevaba tiempo siendo producto de una fantasía proyectada por su ego y eso le provocaba muchos momentos de sufrimiento, que sólo ella conocía. Ante cualquier adversidad, ante cualquier atisbo de incertidumbre, de dudas, afloraba un intenso temor, un miedo al fracaso, a equivocarse, a perder lo que tenía, que hacía que su aparente mundo maravilloso se derrumbase rápidamente como un castillo de naipes.

Entonces comenzaban a fluir los pensamientos negativos, a aparecer la ansiedad, la presión en el pecho, la angustia, la soledad, que eran como enemigos internos que aparecían sin preguntar.

A ese falso yo al que había alimentado durante mucho tiempo, le encantaban los halagos, las alabanzas, los reconocimientos, siempre quería ser el centro de atención, le maravillaban las cosas materiales, y odiaba las críticas o las opiniones contrarias a la suya, y además, había decidido en su lugar su condición de soltera, sin un hombre en su vida y no se cansaba de decirle, orgullosa a todo su entorno lo feliz que se sentía y la libertad que tenía para hacer lo que quisiera sin dar explicaciones a nadie.

Así se observaba ella misma, reflejada en el cristal mojado por la lluvia, sin imaginar que su vida estaba a punto de dar un giro muy importante en ese instante.

Parte II

La lluvia no dejaba de caer e inundaba de lágrimas el cristal en el que su rostro seguía reflejado, ese rostro tan conocido para ella pero que escondía tantas cosas que ni ella misma a veces podía predecir.

Por su mente salían muchas reflexiones, como cuando tienes la seguridad de que no eres capaz de controlar tus emociones y que la diferencia entre el mundo exterior y el interior te supera. Entonces intentas sumergirte dentro del mundo exterior, ese mundo de fortaleza y de confianza que proyectas y al mismo tiempo te alejas de tu mundo interior, lleno de miedos, prejuicios e inseguridades.

Pero delante del cristal, tu mente es la que observa mientras tu cuerpo físico sigue allí sentado, junto al café, y ante el poder de la mente lo que aflora inevitablemente es tu mundo interior.

El sonido de su teléfono provocó una vuelta hacia el mundo exterior y el observador desapareció de allí. Ella miró la pantalla, era un número que no tenía guardado en su agenda, y sin pensarlo dos veces pulsó la tecla verde.
«Dígame…»
«Hola, ¿ qué tal ? ya veo que no conservas mi número.»

Ella, sobresaltada, supo enseguida quién estaba al otro lado del teléfono, esa voz era inconfundible para ella, una voz que abrió la caja de los recuerdos de forma súbita y su piel lo sintió como si una ráfaga de aire frío se hubiese colado dentro de la cafetería.

«Hola, ¡qué sorpresa volver a escuchar tu voz!»
«Disculpa que te llame así sin avisar, sé que ha pasado mucho tiempo pero necesito comentarte algo importante y no podía esperar mucho para hacerlo, y disculpa que sea tan claro pero lo que quiero comentarte necesito hacerlo en persona y me gustaría que pudiésemos tomar algo mañana.»

Mientras escuchaba su voz comenzaba a sentirse incómoda y algo nerviosa, algo en su mundo interior le estaba poniendo en alerta.

«Podemos vernos sobre las 8 en el sitio al que íbamos siempre, si te parece bien claro.»

Ella con la voz un poco titubeante fruto de los nervios, se limitó a decir «la verdad es que tu llamada me ha dejado sorprendida, no era algo que pudiese esperar, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hablamos y me gustaría que me puedas adelantar algo de lo que me vas a contar, por favor.»

«Sé lo que puedes estar pensando y siento de verdad haberme puesto en contacto contigo de esta forma, pero no puedo adelantarte nada por teléfono, es algo que necesito pedirte y necesito que sea cara a cara.»

«Está bien, mañana nos vemos.»

Parte III

«Mi negocio, mi sueño de toda la vida se está hundiendo y tú eres la única persona capaz de sacarlo a flote, ¡te necesito!»

Esas palabras pronunciadas por cualquier otra persona, no hubiesen supuesto ningún inconveniente para ella, pero salieron de él, de ese hombre al que ella nunca dejó de amar, y eso puso en marcha todo el mecanismo de defensa de su falso yo, apareciendo las dudas, el temor, el miedo a equivocarse, a perder, a sufrir, comenzó a sentirse débil , su mundo de fantasía se tambaleaba otra vez.

Ese amor fue extremadamente intenso y le dejó una huella enorme, una huella imborrable. Él consiguió que ella rompiese todos sus esquemas, que dejase atrás los ideales, las barreras, que aprendiese a amar con toda su alma, él fue su pasión, su amante, su confidente, su amigo, capaz de provocar escalofríos en su piel con una mirada, capaz de hacerla perder la razón, de desnudar su alma, de guiarla hacia lo imposible, de ayudarla a sentirse protegida, amada, sólo él, nadie más, ese hombre que hoy le pide ayuda y que un día decidió abandonar su camino, prescindir de sus caricias, marchitar esa locura que vivieron juntos y que provocó que ella sea lo que es ahora.

Hoy, volvía a estar allí sentada, con su taza de café manchada de carmín,
observando su reflejo en el cristal, observando a esa mujer con el corazón de hierro y los pies de barro, debiendo tomar una decisión diferente a las decisiones que había tomado en los últimos años, hoy, el observador, al otro lado del cristal es un elemento más de sus dudas.

Final

El sol poco a poco va moviéndose en dirección hacia el mar, dejando un reguero enorme de rayos luminosos color rojizo sobre el agua que hace imposible fijar la mirada sobre su majestuosa estampa.

Ella, sentada sobre un banco de madera tan cerca del mar que podía apoyar los pies sobre la misma arena, contempla impasible ese crepúsculo tan solemne, una obra de la naturaleza que ofrece a diario y que sobre el mar se hace aún más magnánimo si cabe.

Mientras observa el atardecer, piensa en las horas que le esperan por delante, hoy tiene una cena de negocios y apura las últimas horas de luz antes de comenzar su ritual de preparación antes del evento.

Cuando llegue a casa le esperará ese baño caliente de sales de magnesio y una mezcla de aceite de ciprés con eucalipto que disfruta cada semana y que para ella es una experiencia sublime que le recarga de energía; después sacará de su armario un traje de chaqueta de estilo italiano de lana y seda, acompañado de un body de encaje, diseñará un peinado semirecogido que tanto le favorece, un maquillaje de tonos medios resaltando ojos y labios y para rematar el look working girl, lucirá unos zapatos Stiletto, un mini bolso, unos maxi pendientes y rociará su piel de su perfume favorito.

Se mirará al espejo y observará a esa mujer atractiva y segura de sí misma que siempre quiso ser, contemplará su semblante radiante, con ese brillo en la mirada que delata que su mundo interior hoy es un mundo fuerte, libre de miedos, sin necesidad de aprobación ni de halagos, sintiéndose poderosa y capaz de sacar adelante cualquier reto que se ponga en su camino.

Él hoy no pudo tomarse la tarde libre, así que enviará un taxi para recogerla y la esperará en la puerta del restaurante, donde la recibirá con la elegancia y la amabilidad que le hace sentirse especial y afortunada, besará sus labios con esa dulzura que le fascina y cogerá su mano con suavidad para acompañarla hacia el interior del restaurante a paso lento, escuchando cada uno de los choques de sus tacones en el suelo.

Ella está enamorada de él sin límites, sin peros, le admira por su inteligencia y su facilidad de palabra, y le resulta irresistible esa seguridad en sí mismo que transmite al hablar y mirar y que es prácticamente imposible no creer en lo que te dice. Su carisma y su don de gentes, que no pasa desapercibido para nadie junto a su sentido del humor, le convierte en un hombre ingenioso, sacando siempre esa sonrisa que ella requiere en los momentos precisos, sabiendo escuchar y aconsejar sin juzgar, siendo siempre un apoyo permanente. Él es, sin duda, su hombre, el que el destino
tenía preparado para ella y por el que ha merecido la pena luchar y entregarse en cuerpo y alma.

Ella es consciente que él siempre le estará eternamente agradecido y a pesar del tiempo que debe dedicarle a su negocio, él nunca deja de hacerla sentir que ella es el centro que lo mueve todo y la que equilibra su vida.

Por un momento sus pensamientos se detuvieron…
¡ Mamá, ¿ puedo seguir jugando en la arena un rato más ?, ella no pudo más que asentir con la cabeza y dibujar una gran sonrisa, de esas que brotan de lo más profundo de su felicidad más íntima, aquella que se empezó a crear hace ya 10 años, un tarde lluviosa de Agosto, con un simple y maravilloso reflejo en el cristal…

Óscar Cebollero

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